El hebreo es un idioma hablado en prácticamente todo el mundo. La razón es simple, la comunidad judía se ha expandido a todos los continentes del planeta y mantiene una buena parte de sus costumbres, incluyendo, claro está, su lenguaje. Por lo tanto, si tenemos que hablar de hablantes de hebreo, no sólo hay que tener en cuenta a los más de 5 millones de habitantes de Israel; también debemos considerar a los otros 3 millones de judíos repartidos a lo largo y ancho del mundo.
El idioma más hablado dentro de las colectividades judías es una lengua semítica de la familia afroasiática. El término semítico proviene del nombre de Sem, el segundo hijo de Noé, cuyos descendientes serían en base a la historia bíblica y la tradición, los pueblos semitas. Además, cabe señalar que el idioma hebreo es uno de los más antiguos utilizados en la actualidad, con casi 30 siglos de historia escrita.
La llamativa antigüedad de la lengua hebrea ha provocado numerosos cambios lingüísticos que permiten diferenciar al hebreo antiguo del hebreo actual. Las diferentes y temporalmente distanciadas épocas de este idioma se diferencian en cuanto a la pronunciación, gramática y léxico.
A modo de ejemplo para demostrar los significativos cambios que ha sufrido la lengua judía, sirve destacar que el español (el mismo que hablamos y leemos nosotros) tiene muy pocas semejanzas con el hebreo antiguo. Sin embargo, entre el español y el hebreo moderno, se pueden encontrar algunas semejanzas lingüísticas más que interesantes.


