En árabe la palabra na’ura es el equivalente a nuestro vocablo noria, y viene a significar “la que gime”. Basta con aproximarse a las norias de la ciudad siria de Hamah para comprender el sentido de la palabra, ya que estas norias al girar de forma continua por la acción de la corriente del agua, producen un sonido a medio camino entre los golpes y los chirridos simulando lamentos.
Foto: Flickr.com
La ciudad de Hamah está a orillas del río Orontes, pero el casco urbano está un tanto elevado sobre la altura de las aguas del cauce. Por ello, desde tiempo inmemorial sus habitantes tuvieron que inventar un sistema para lograr subir el agua hasta la población y sus tierras de cultivo.
Son norias realizadas exclusivamente en madera, combinando la calidades y cualidades de distintos árboles: chopo, morera, nogal, eucalipto o roble. Su contemplación supone todo un asombro, sobre todo en el caso de la mayor noria que se conserva, la que se denomina Muhamadiyah, originada en el siglo XIV y con un diámetro total que alcanza los 21 metros. Si bien, hay otras 15 norias diseminadas por la ciudad y alrededores, aunque se cuenta que antiguamente el número de norias que elevaban las aguas del río Orontes eran el doble.
Foto: Mónica Grimal
Estas norias son el gran atractivo de esta ciudad, y se podría decir que son su emblema en el exterior. Tanto es así que con motivo de la celebración de la Exposición Internacional Zaragoza 2008, que tenía como principal protagonista al agua como motor de desarrollo sostenible, 16 artesanos sirios procedentes de Hamah fabricaron y construyeron la gran noria que se ve en la segunda foto, siguiendo todos los pasos y técnicas de sus tradiciones artesanales. De este modo, un pedazo de la historia de Siria, en forma de gran noria, se ha quedado en la capital de Aragón tras la Expo 2008.


